Seguidores

martes, 31 de julio de 2012

Espadas y rosas, mi nueva novela





En el verano de 1715, un rumor se extendió por toda Escocia: Jacobo Estuardo, heredero del trono, estaba dispuesto a enfrentar a los ingleses para reclamar sus derechos.  Los primeros triunfos fueron atribuidos a un agente misterioso: La sombra de Escocia. Pero la derrota de Sheriffmuir lo redujo a simples habladurías.

En 1745, treinta años después, la escena se repitió: con el triunfo restaurador escocés de Prestonpans, La sombra de Escocia volvió a cobrar fuerza y se desvaneció en el aire después de la caída de Culloden Moor.

Con la invención de este personaje ficticio, Mills Bellenden recrea con minuciosidad el clima del levantamiento independentista jacobita, una guerra que buscaba que un rey legítimo ocupara el trono de una nación cruelmente sojuzgada, de una Escocia obligada a ser puesta de rodillas.

En 1749, La sombra de Escocia conspira nuevamente: allí estarán los clanes leales jacobitas, los escoceses neutrales que abogan por la unión de ambas coronas, los traidores sin escrúpulos. En ese escenario, la autora nos muestra un abanico de personalidades complejas, nos muestra que la guerra separa, incluso, a aquellos que anhelaban estar juntos. 


Otra vez, en la obra de Bellenden, se reúnen aventura e historia, política y vida privada en personajes que no temen luchar por aquello en lo que creen.

lunes, 16 de julio de 2012

Mis novelas en versión Kindle

Ya podeis disfrutar de mi primera novela en versión Kindle

La prisionera de Mills Bellenden (Versión Kindle - 23 mayo 2012)

Comprar: EUR 4,99

Disponible para descargar ya
 
 
.

La condesa de Pembroke de Mills Bellenden (Versión Kindle - 22 mayo 2012)

Comprar: EUR 4,99

Disponible para descargar ya
 

domingo, 13 de mayo de 2012

Corazón rebelde


Os dejo mi última creación. Un saludo a tod@s mis lector@s

Stirling, Escocia, 1716

Los goznes de la puerta emitieron un sonido estridente seguido de un golpe seco contra la pared cuando se abrió de golpe. La atención de todos los allí presentes se centró en el umbral de donde emergió la presencia de un joven oficial inglés del ejército del rey Jorge. Con paso lento pero firme y con un aire marcial en cada uno de sus movimientos penetró en la taberna. La luz de las velas sobre rústicos candelabros iluminó su rostro en el que destacaba su mirada penetrante. Detrás de él varios soldados de infantería armados con bayonetas caladas, lo cual no presagiaba nada bueno. Los pocos clientes que en esos momentos se encontraban en el interior se movieron inquietos en el instante en que el oficial se situó en medio de ellos. Mientras, sus soldados abarcaban toda la taberna esgrimiendo sus armas e instando a cualquiera a no moverse de su sitio. El oficial inglés paseaba su mirada de halcón por cada una de las mesas. Pareciera que buscara a alguna persona en concreto y parecía estar centrado en ello cuando fue interrumpido.
-¿Deseáis algo señor?.- La voz del tabernero se dejó escuchar alta y clara en mitad del tenso silencio que reinaba.
-Busco rebeldes. Traidores al rey Jorge y a la corona de Inglaterra –le respondió con toda intención el oficial mientras volvía el rostro hacia su interlocutor. Esperaba la reacción de los presentes. Tal vez que alguno se levantara y se enfrentara a él. Pero lo más que percibió fue como se movían inquietos sobre sus asientos de madera; otros inclinaban sus cabezas hasta casi hundirlas en sus respectivas jarras de cerveza o de ale. Pero todos en silencio. Sin decir nada. Tras la derrota en la batalla de Sheriffmuir, y la consiguiente huida del Viejo Pretendiente, Jacobo Eduardo Estuardo, la causa jacobita se había visto debilitada hasta el punto que sus más firmes defensores se ocultaban ahora por miedo a las represalias del gobierno de Londres. Pocos eran los que aún parecían querer mantener vivo el espíritu jacobita por su cuenta, hostigando a los ejércitos del rey en una “guerra de guerrillas”. Ahora los antes considerados como patriotas no eran más que rebeldes a los que detener para llevar al patíbulo.
-Aquí no hay cobijo para los rebeldes, señor –dijo el tabernero captando la atención del oficial inglés.- Somos leales al rey Jorge.
-¿Estás seguro de lo que dices tabernero? –le preguntó mirándolo fijamente como si él fuera sospechoso, lo cual lo intimidó en cierto modo obligándolo a tragar al sentir la mirada fija del oficial británico, mientras su rostro parecía perder el color.
El oficial inglés se volvió hacia las mesas y comenzó a pasear entre éstas observando detenidamente a todos aquellos que estaban sentados. Su mirada escrutó con detenimiento cada uno de los rostros hasta que finalmente uno de aquellos le llamó la atención más de lo normal. Esbozó una sonrisa cínica cargada de satisfacción.
-Vaya, vaya. ¿A quién tenemos aquí? –exclamó con orgullo mientras se paraba delante de la mesa de un grupo de tres hombres, quienes parecían absortos en sus pensamientos.- Pero si es Robin McIntosh.- El interpelado lo miró fijamente mientras sonreía.- ¿Y decíais que no dabais cobijo a rebeldes? –le preguntó al tabernero sin volverse hacia éste por temor a que Robin tramara algo.
-Desconocía que...-balbuceó éste.
-Calla. Eres tan rebelde como él o más –exclamó con autoridad.- Serás arrestado junto al joven McIntosh y sus amigos. ¡Soldados! Arrestad a estos hombres. Y al tabernero también.
A una orden del oficial inglés los hombres se movieron hacia la mesa donde se encontraban Robin McIntosh y sus amigos, mientras otros dos se acercaban al tabernero.
- ¿Por cierto y vuestra hermana? –le preguntó con sorna.
La respuesta llegó rauda y veloz en forma de un clic y el frío cañón de un arma sobre su cabeza. Ahora fue Robin, quien sonreía mientras los soldados se quedaban paralizados por la escena que se estaba desarrollando.
-¿Me buscabais capitán Stewart?.- La voz dulce y con toques de ironía sonaba al otro extremo del cañón de la pistola.
-Es un placer volver a veros, lady McIntosh –dijo el oficial mientras sonreía e inclinaba la cabeza sabiendo que había vuelto a caer en la trampa.- Lástima que nuestros encuentros sean siempre con un arma de por medio.
- Tenéis toda la razón, pero ¿qué le vamos a hacer? Así de cruel es nuestro destino. Creo que os encontráis en una situación algo comprometida.
-La verdad es que no aprendo  –dijo girándose para contemplar el rostro del rebelde más hermoso de toda Escocia. Los ojos claros de lady McIntosh centelleaban una vez más por su nueva victoria. Su cabellos, del color de las hojas en otoño, aparecían recogidos en esta ocasión con una cinta en la parte posterior de su cabeza dejando libre su rostro de piel blanca, suave con su pequeña nariz y sus mejillas moteadas por una lluvia de pecas. Sus finos labios esbozaban una sonrisa de triunfo. Era hermosa. Una mujer verdaderamente atractiva que irradiaba una fuerza y una valentía jamás encontrada en ninguna otra. ¿Por qué de esa obstinación suya en seguir luchando por una causa ya perdida? Durante el último año la había estado persiguiendo junto a su hermano. En el transcurso del mismo habían tenido sus encuentros. Sus escaramuzas en los que ambos habían salido vencedores o vencidos. Había llegado un momento en que parecían disfrutar de este juego del gato y del ratón. Y en alguna ocasión el oficial Stewart se había parado a pensar si aquello no se estaba convirtiendo en una obsesión. O incluso en algo personal. ¿Por qué seguía tras ella? Algo nuevo. Un motivo inexplicable lo empujaba a seguirla más allá de todo deber como oficial británico. Una sensación que cuanto más lo pensaba, más miedo le daba reconocerlo.
-Creo que esta vez he vuelto a ganaros, capitán. ¿Lleváis la cuenta de las veces que nos hemos visto? ¿De las ocasiones en que os he vencido? –le preguntó sin dejar de reír de manera divertida, lo cual al capitán Stewart le producía una mezcla de rabia por su nuevo error; pero por algún extraño motivo no le desagradaba en el fondo verla dichosa como lo estaba ahora.- Será mejor que ordenéis a vuestros soldados que desistan de sus intenciones, o de lo contrario no recibirán ninguna más de vuestra parte –le advirtió empleando ahora un tono serio.
El capitán Stewart cerró los ojos e inspiró hondo. No dijo nada. Se limitó a asentir mientras miraba a sus soldados. Éstos al momento desistieron de sus intenciones y optaron por una posición de descanso.
-¿Y ahora? ¿Qué pensáis hacer conmigo lady McIntosh? –le preguntó el capitán Stewart volviendo a mirarla.
Lady McIntosh sonrió burlona mientras sentía los ojos grises del capitán Stewart recorriendo su rostro de manera fija. Deteniéndose en cada uno de los poros de su piel. Y cuando lo hizo en sus labios sintió un leve escalofrío recorriendo su espalda y posteriormente su brazo hasta provocar una leve temblor en la mano que sujetaba la pistola. El capitán no fue ajeno a aquel leve movimiento y entonces su mirada se tornó llena de perplejidad. ¿Había dudado lady McIntosh mientras él la miraba de aquella manera? Sólo se había quedado fijo en su rostro intentando averiguar que se proponía y de repente para su sorpresa mando salir de la taberna a todos.
-Robin llévate a los hombres lejos –le ordenó sin apartar la mirada del rostro del capitán observando su reacción.
-¿Estás segura de lo que dices? –le preguntó Robin contrariado mientras seguía sentado en su sitio.
-Sí. Estoy segura de lo que digo. Llévate también a los soldados, pero no les hagas nada. Quiero quedarme a solas con el capitán.
Aquella propuesta alertó al interpelado. Entrecerró sus ojos mientras seguía mirándola sin saber qué era lo que pretendía.
-Haz lo que te digo. ¿A qué esperas? –le urgió lady McIntosh al comprobar que su hermano no se movía.
Finalmente ante la insistencia de ésta se levantó junto a sus hombres esgrimiendo sus pistolas y sus biodaigh, especie de dagas de doble filo y que resultaban fatales en la lucha cuerpo a cuerpo. Los soldados obedecieron cuando el capitán Stewart asintió de nuevo. Los dos grupos abandonaron la taberna.
-Tú también, Andrew –le dijo al tabernero, quien se mostraba igual de perplejo que los demás.- Y cierra la puerta al salir.
El capitán Stewart no comprendía nada de lo que se proponía lady McIntosh, pero estaba seguro que algo tramaba. Intentaría estar alerta en todo momento, y apartar de su cabeza los impulsos de retenerla con su mirada. Cuando por fin ambos estuvieron a solas lady McIntosh apartó el arma de la cabeza del capitán lo cual fue un gesto de agradecer.
-Agradezco vuestro gesto. Empezaba a sentirme incómodo –le expresó con toda naturalidad mientras le sonreía.
-No me queda otra opción si quiero hablar cara a cara con vos –el dijo sintiendo como su mirada parecía descolocarla en algunos momentos.- Sentaos –le indicó señalando el banco de madera con la mano que sostenía el arma.
El capitán desvió su atención hacia ésta esperando a que la apartara de la mesa. Lady McIntosh no era ajena a este parecer y sonriéndole la ocultó bajo los pliegues de su ropa ante la atenta mirada del capitán Stewart. Luego al levantar sus ojos se encontró con los de él una vez más y le parecieron más cálidos que la primera vez que se enfrentó a ellos.  Su lengua se le trabó y sintió que le faltaban las palabras ahora que por fin se había quedado a solas con él.
- ¿Qué queréis? –le preguntó el capitán Stewart rompiendo el silencio que se había formado entre ellos.
Estaban separados por la mesa, pero podía percibir su respiración y su nerviosismo. Lady McIntosh se encontraba allí frente a él después de tantas correrías por Escocia. Podía jugar sucio y retenerla, pero su sentido del honor se lo impedía. Por un instante se olvidó de ella como enemiga, como rebelde, y la consideró como mujer. Una atractiva mujer en medio de una guerra de locos.
-Quiero que os marchéis...
-Siempre y cuando vos y vuestros hombres me acompañéis.
-Sabéis que eso no puede ser –le dijo sonriendo mientras lo miraba con incredulidad por aquella proposición.
-Entonces perdéis el tiempo conmigo.
-Este juego del gato y del ratón debe acabarse –le dijo con un gesto serio tratando de mantener la calma en todo momento a pesar de que la mirada del capitán la hacía sentirse extraña. Era la primera vez que lo miraba tan cerca, y a juzgar por su apariencia era apuesto. Con sus facciones marcadas delimitando perfectamente los ángulos de su rostro. Sus labios era finos y los hoyuelos que se le marcaban a ambos lados de su boca le dan un aspecto interesante. Por un momento se vio considerando al capitán Stewart como a un hombre, y no como a un soldado. Llevaba más de un año escapando de su acoso y por primera vez se fijaba detenidamente en él.
-Si queréis que se acabe ya conocéis mi respuesta. Entregaros –le sugirió con firmeza mientras se acercaba a ella al apoyarse sobre la mesa.
Su aroma a lluvia, hojas y pólvora la envolvieron hasta hacerla sentirse confundida. Perdió la noción del tiempo. No sabía qué decir. La mirada del capitán la atrapó sin que ella pudiera esquivarla. Sin darse cuenta sus dedos se habían rozado cuando apoyó sus manos sobre la mesa. Había sido un gesto involuntario, fruto sin duda de un acto reflejo. Lady McIntosh sacudió la cabeza pero sin saber que estaba rechazando. La idea de entregarse al capitán Stewart; o al hombre que la miraba de aquella manera, como si ella fuera la única.
- No puedo entregarme –le dijo con decisión.
-¿Qué os lo impide? El príncipe Estuardo se ha marchado de regreso a Francia; los jacobitas os habéis dispersado tras lo de Sheriffmuir. No queda nada por lo que seguir peleando. Nada –recalcó mientras entornaba su mirada hacia ella.
-Nací en esta tierra. Me he criado en ella. No puedo permitir que esté al servicio de un rey que no es mi rey.
-Yo tampoco estoy de acuerdo en que un extranjero se siente en el trono de mi país. Pero si ello evita el derramamiento de sangre...
-Vos soy un oficial inglés que le sirve –le espetó con dureza mientras cerraba sus manos como síntoma de crispación.- Es más, lleváis un apellido escocés. No comprendo como podéis hacerlo –le dijo apartando por unos instantes la mirada de él.
- Tal vez tengáis razón lady McIntosh.
-No busquéis halagarme. Sois mi enemigo, no lo olvidéis.
-Un enemigo que busca una solución pacífica a esta situación. No os dais cuenta que yo...
La puerta de la taberna volvió a abrirse dejando paso a un nuevo oficial inglés seguido por un pelotón de hombres armados. Lady Macintosh y el capitán Stewart se quedaron paralizados por aquella repentina aparición.
-General Wade –anunció el capitán Stewart levantándose para ir a saludarlo.
-Capitán Stewart. Me encontraba de paso en Stirling cuando vi a vuestros soldados en compañía de varios jacobitas –comenzó diciendo mientras lanzaba furtivas miradas a lady Macintosh esperando una explicación del capitán Stewart.- De manera que han quedado todos detenidos a la espera de ser conducidos a Londres, pero decidme ¿quién es? –preguntó señalando a lady Macintosh, la cual se había girado sin dejar de mirar al capitán. El anuncio del arresto de sus hombres la había puesto en alerta. Aún llevaba su pistola entre los pliegues de su vestido y un juego de dagas en sus botas.- ¿Es quien yo creo que es? –le preguntó mirando al capitán y después a lady Mcintosh.
-Es lady Macintosh señor. Estábamos...
-Celebro conoceros lady Macintosh –comenzó diciendo el general mientras extendía su brazo hacia ella. Tomó su mano y la besó haciendo exquisita gala de modales.- Y ahora si sois tan amable de explicarme qué hacéis en Stirling...
Tanto ella como el capitán Stewart intercambiaron sus respectivas miradas buscando una solución. Estaba atrapada y lo sabía. Pero ¿cómo lograría escapar? Sus hombres habían sido apresados, de manera que no podría contar con ellos. Estaba sola.
- Si me permitís general...-comenzó diciendo el capitán Stewart. Pero se calló cuando el general alzó la mano en su dirección para que se callara.
- Ha sido una suerte para vos, capitán, que haya decidido venir a Stirling –comenzó diciendo el general esbozando una sonrisa.- Bien hecho aunque debo deciros que yo me haré cargo de la situación. Podéis marcharos si queréis.
El capitán Stewart permaneció en silencio unos segundos durante los cuales fijó su mirada en lady Macintosh. Sus pupilas titilaban en esos momentos y creyó percibir un desanimo en su rostro. ¿Iba a permitir que el general la detuviera para ajusticiarla? Llevaba detrás de ella más de un año durante el cual, sus fugaces pero intensos encuentros lo habían hecho replantarse su vida entera. No había sabido porqué la había seguido día y noche sin descanso por toda Escocia. Y al verla allí ahora después del momento compartido a solas lo supo.
-Bien señor. Si me disculpáis –le dijo inclinando la cabeza para marcharse. Ni siquiera se molestó en mirarla. Salió por la puerta como si su trabajo estuviera hecho. Mientras el general Wade saboreaba la victoria.
-¿Estáis dispuesta a entregaros pacíficamente, o tendré que emplear la fuerza? –le preguntó con deje burlón e irónico mientras se desprendía con parsimonia de sus guantes.
Lady Macintosh se irguió poderosa y desafiante mientras entrecerraba sus ojos mirando al general  y a sus hombres. En su mano se aferraba a la culata de su pistola.
-Tal vez debierais reconsiderarlo general Wade –le dijo esgrimiendo el arma delante de él para su sorpresa.
El general sonrió burlón por aquel atrevimiento y ordenó a sus soldados que no dispararan.
-Sólo disponéis de una bala lady Macintosh.
-Suficiente para acabar con vos –le dijo presa de la furia mientras su mirada se había vuelto fría y dura como el hielo.
-Eso siempre y cuando acertéis y mis soldados no os disparen antes.
-Es verdad, ¿queréis que probemos a ver qué sucede? –le preguntó retándolo con sus palabras mientras amartillaba el arma para disparar.
En ese instante el capitán Stewart penetró en la taberna con los jacobitas esgrimiendo sus armas. Lady Macintosh no podía creer lo que estaba viendo. Y mucho menos el general Wade quien palideció al ver como el capitán Stewart lo apuntaba con su arma, y sus soldados eran reducidos.
-¿Qué clase de locura es esta capitán? ¡Explicaos!
El capitán Stewart sonrió burlón mientras continuaba apuntando al general. Luego desvió su mirada hacia lady McIntosh y vio sorpresa pero también la dicha en sus ojos. Antes se lo había dicho: era portador de un apellido honorable en Escocia y provenía de una familia con largos años de tradición. Tal vez el sentido que había estado buscando a su vida lo hubiera encontrado en aquellas palabras, en aquel rostro y en aquellos ojos.
-Significa que lady Macintosh va a irse libremente de esta taberna y abandonara Stirling sin ningún sobresalto.
-¡Se os formará un consejo de guerra por esto capitán Stewart!
-Que me importa si ella está libre –le dijo mirando a lady Macintosh de nuevo.
Se había quedado paralizada por aquellas palabras. Pero, ¿por qué estaba dispuesto a sacrificarlo todo por ella? ¿Había sido esa su primera intención o había sucedido algo entre ellos para que ahora se comportara de aquella manera? En cualquier caso ella estaba libre y debería marcharse cuando antes. Se detuvo junto al capitán Stewart, y posando su mano sobre el brazo de él lo miró sin comprender nada de lo que estaba sucediendo. Pero la forma de mirarla por parte de él le dio la respuesta. Su rostro mudó el color, abrió la boca para decir algo, pero la emoción del momento y ese descubrimiento en su mirada la habían paralizado.
-Volveremos a vernos –le dijo el capitán Stewart deteniendo el avance hacia la puerta de lady Macintosh.
Cuando la puerta se cerró a sus espaldas el general Wade sonrió de manera irónica.
-Habéis cavado vuestra propia tumba por esa rebelde.
Sin mediar palabra el capitán Stewart levantó su brazo y golpeó con la culata de la pistola al general Wade dejándolo inconsciente.
-Es mejor que os marchéis –dijo a sus hombres.- De hoy en adelante seréis traidores a la corona.
Sin saber que hacer o qué decir los soldados vieron desaparece al capitán por la puerta.

Varias semanas después un hombre se adentraba en territorio desconocido, y peligroso. Pese a que Inglaterra y Escocia habían firmado la paz, y el príncipe Estuardo había regresado a Francia, aún había algunos resentidos con el gobierno de Londres. Adentrarse en el interior de Escocia era peligroso tanto si era favorable o contrario a la causa de los Estuardo.
-Alto, ¿dónde camináis? –le preguntó el hombre saliendo de la espesura del bosque esgrimiendo un  mosquete.
-Busco a lady Macintosh.
-¿Qué tratos tenéis vos con ella? –le preguntó el hombre empleando cierta desconfianza en el tono de su voz.
El hombre sonrió mientras recordaba la última vez que se habían visto.
-Tiene una deuda conmigo.
-Será mejor que os expliquéis –comentó una voz de mujer perfectamente reconocible saliendo de detrás de los arbustos.
El capitán Stewart se quedó clavado contemplándola avanzar hacia él. Con una sonrisa cínica en su rostro y el brillo de sus ojos delatándola. Habían pasado días, semanas, sin saber de él. Momentos en lo que había comprendido que también ella lo echaba de menos; que le había gustado sentir que él la seguía; pero nunca pudo imaginar hasta que punto le faltaba.
Se quedaron en silencio observándose mientras el hombre que acompañaba a lady Macintosh se marchó. No hubo nada que no se hubieran dicho ya antes con sus miradas. Lady Macintosh se acercó hasta él arrojándose entre sus brazos para sentir su calor. La miró a los ojos y se vio reflejado en ellos. Sintió la urgente necesidad de besarla, y cuando ella le correspondió entonces por fin entendió que aquella larga búsqueda había merecido la pena.
-He viajado día y noche buscándote por cada ciudad, cada valle, cada...
Lady Macintosh silenció sus palabras con sus labios una vez más.
- No hace falta que me lo digas. Lo entendí aquel día en Stirling. Supe que había algo más que te empujaba a buscarme. No quise creerlo pero cuando me vi sin ti... me di cuenta de lo mucho que te necesitaba. Te sacrificaste por mi, ¿por qué?
-Qué podía hacer si te perdía. Durante un año te seguí para llevarte a la justicia pero siempre había algo que me lo impedía. Y por mucho que intentaba no admitirlo era cierto. Tu imagen llenaba mi mente día y noche sin explicación alguna. Y cuando por fin te encontraba siempre hallabas la manera de escaparte. Eras como la bruma de esta tierra. Imposible de retener.
-Ahora ya me tienes.
-Cierto. Y créeme que no pienso dejarte escapar. Esta vez no lady Macintosh.
-Ni yo pienso escaparme –le susurró mientras volvía a besarlo sintiendo el calor de su cuerpo, y cálido abrigo de sus labios al poseer los suyos.- Y creo que esto salda la deuda que tengo contigo –le aclaró sonriendo de dicha.
             



lunes, 30 de abril de 2012

Convocatoria de novela romántica

       Editorial Planeta, S.A. convoca el 
          Premio Zafiro de Novela "El Rincón de la Novela Romántica"

bannerpremiozafiro

BASES DEL CONCURSO:
1. Editorial Planeta, S.A., con domicilio en Barcelona, Avda. Diagonal, 662-664 y provista de NIF número A-08-186.249, convoca y organiza el Premio Zafiro de Novela "El Rincón de la Novela Romántica".
2. Podrán optar al Premio Zafiro de Novela "El Rincón de la Novela Romántica" (en adelante, el Premio) las novelas románticas escritas originariamente en lengua española, con una extensión mínima de 60 páginas (aproximadamente 2.100 espacios por página), en formato word o bien en pdf,. Tendrán cabida todo tipo de géneros dentro de la narrativa romántica femenina en general (regencia, paranormal, comedia romántica...).
3. Podrán optar a este Premio autores de cualquier nacionalidad, siempre que sean mayores de edad y que su obra esté escrita en español.
4. Este certamen está abierto tanto a autores noveles como a autores ya publicados, y se podrá enviar hasta un máximo de un manuscrito por autor.
5. Al optar a dicho Premio, el concursante garantizará que se trata de una obra inédita (es decir, que no haya sido publicada en cualquier formato, incluido el digital en todos sus formatos, como Word, pdf, Epub, etcétera, considerándose publicado el estar o haber estado disponible a través de Internet), que su autoría le corresponde en exclusiva, y que no es copia ni modificación de ninguna otra, así como que la misma no concurre simultáneamente o ha concurrido a ningún otro premio. Se recomienda el registro previo de la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual.
6. El jurado del Premio estará compuesto por profesionales especializados en novela romántica. El fallo, inapelable, se hará público a través de la página web www.rnovelaromantica.com el día 9 de noviembre de 2012. El consejo lector estará formado por 6 personas y un presidente del jurado. El consejo seleccionará -entre todas las obras presentadas- tres como máximo, y realizarán también la función de jurado para su valoración y para la adjudicación del Premio. El jurado elegirá la obra ganadora según criterios de la organización
7. El Premio no podrá ser repartido entre dos o más novelas y podrá ser declarado desierto.
8. Las obras se enviarán por correo electrónico a la dirección premiozafiro@yahoo.es en dos archivos: uno con el texto en formato PDF, cuyo título debe corresponder con el de la novela, juntamente con así como una breve reseña biográfica y una nota en la que se especifique el género de la obra (regencia, paranormal....) así como una breve sinopsis, 10 o 15 líneas, de la misma y otro, en Word, en el que conste el nombre del autor, el número de documento nacional de identidad o pasaporte y su domicilio. El autor que presente una obra al Premio deberá remitir, además, una declaración firmada en la que deberán constar, necesariamente, todos y cada uno de los siguientes extremos:
(i) Manifestación expresa del carácter original e inédito en todo el mundo de la obra que se presenta, así como que no es copia ni modificación, total o parcial, de ninguna otra obra propia o ajena;
(ii) Manifestación expresa de la titularidad exclusiva del autor sobre todos los derechos de la obra y que la misma se encuentra libre de cargas o limitaciones a los derechos de explotación;
(iii) Manifestación de que la obra presentada al Premio no ha sido presentada a ningún otro concurso que esté pendiente de resolución en el momento de la presentación de la obra al Premio;
(iv) Manifestación expresa de la aceptación por el autor de todas y cada una de las condiciones establecidas en las presentes bases; y
(v) Fecha de la declaración y firma original.
La declaración, con la firma, deberá ser escaneada y remitida por correo electrónico junto con el original en PDF y el documento de Word con los datos personales.
La presentación de la obra al Premio bajo seudónimo se efectúa a los solos efectos del desarrollo del concurso hasta su fallo.
Quedan excluidas, en cualquier caso, las obras de autores fallecidos antes de anunciarse la convocatoria del Premio.
9. Los participantes podrán usar seudónimo, siempre y cuando en la presentación consten los datos reales.
10. El ganador se compromete a suscribir con Zafiro eBooks el pertinente contrato de cesión que se le presente al efecto. Zafiro eBooks publicará la obra en la fecha que considere conveniente, y a más tardar en el plazo de un año a partir de la fecha de publicación del fallo mencionado en la cláusula 5.
11. El otorgamiento del Premio comporta que el autor de la obra ganadora cede a Editorial Planeta, S.A. en exclusiva y con carácter mundial, para todo el periodo de vigencia de los derechos de propiedad intelectual todos los derechos de explotación (reproducción, distribución en cualquier formato, comunicación pública y transformación) sobre la obra para todas las modalidades de edición en cualquier formato o apoyo (tapa dura, rústica, bolsillo, ediciones económicas, edición de lujo, bibliófilo, ilustrada, edición club, edición especial, edición on y off-line, ediciones digitales, e-books, etc), incluyendo todo tipo de adaptaciones, como las audiovisuales, dramáticas y radiofónicas, y la traducción en todos los idiomas. El autor se obliga a subscribir el contrato que sea necesario para formalizar oportunamente esta cesión. La editorial podrá subscribir con cualquier otra compañía de su Grupo, o con terceros, los acuerdos que necesarios para posibilitar la óptima explotación en las diversas modalidades tanto en España como el extranjero, o bien efectuar la mencionada explotación directamente por ella misma. Las regalías que correspondan al autor en virtud del contrato serán las habituales en el sector.
12. Editorial Planeta tendrá, durante el periodo de un año desde la concesión del Premio, un derecho de opción preferente para la suscripción de contratos de edición de cualquier de las obras presentadas y no premiadas que la editorial considere de su interés.
13. El plazo de entrega de originales comenzará el 23 de abril de 2012 y finalizará el 23 de julio de 2012.
14. La presentación al Premio supone la aceptación íntegra e incondicional de estas bases por parte del concursante, así como la imposibilidad de retirada de cualquier obra que haya sido presentada en debida forma antes de que se haga público el fallo.
15. Ni Editorial Planeta, S.A. ni El Rincón de la Novela Romántica (www.rnovelaromantica.com) mantendrán correspondencia de ninguna clase con los autores que se presenten al Premio y no facilitarán información sobre la clasificación y valoración de las obras.
16. Editorial Planeta, S.A. se reserva el derecho de modificar, suspender o ampliar estas bases, por cualquier motivo.
17. En el supuesto de que Editorial Planeta, S.A. fuese objeto de cualquier reclamación, judicial o extrajudicial, iniciada por terceros y basada en posibles infracciones de los derechos de propiedad intelectual de dichos terceros, derivada de la utilización por parte de Editorial Planeta, S.A. de la información y documentos aportados por el participante, éste asumirá cuantos gastos, costes e indemnizaciones pudieran derivarse de tales acciones judiciales, respondiendo frente a Editorial Planeta, S.A.U. o frente a tales terceros, según corresponda.
18. De conformidad con lo establecido en la Ley Orgánica 15/1999, de Protección de Datos de Carácter Personal, el concursante consiente que sus datos personales facilitados para la participación en este concurso sean incorporados a un fichero titularidad de Editorial Planeta, S.A. para tramitar la participación del concursante en este concurso y para comunicarle el premio en caso de que resultase ganador, así como para enviarle al concursante información sobre novedades o futuros concursos relacionados con libros publicados en Editorial Planeta, S.A. Si no desea que los datos sean tratados por Editorial Planeta, SA. para las finalidades antes indicadas, el concursante lo puede comunicar enviando una carta a (INCLUIR A QUIEN HAY QUE ENVIAR), Avenida Diagonal, 662-664, 6ª planta, 08034 Barcelona, en el plazo de 30 días desde el envío de la documentación necesaria para la participación en este concurso. En caso de no recibir dicha comunicación dentro del plazo establecido, entendemos que el concursante autoriza a Editorial Planeta, S.A. para el tratamiento de los datos personales.
Si el concursante no desea ser informado de nuestros productos y/o servicios a través de medios electrónicos, puede indicarlo enviando un correo electrónico a romantica@planetadelibros.com o una carta a Editorial Planeta, Zafiro, Avenida Diagonal, 662-664, 6ª Planeta, 08034 Barcelona.
El concursante puede ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición al tratamiento de los datos enviando un correo electrónico a romantica@planetadelibros.com o una carta a Editorial Planeta, Zafiro, Avenida Diagonal, 662-664, 6ª Planeta, 08034 Barcelona.
19. Para cualquier duda, discrepancia, reclamación o cuestión que se pudiera plantear en relación con la interpretación o ejecución de estas bases, las partes acuerdan someter el conflicto a un tribunal de derecho del Tribunal Arbitral de la Cámara de comercio de Barcelona y someterse a la sentencia arbitral.


Convocatoria de novela romántica

Vergara y la web El Rincón de la Novela Romántica convocan el
III Premio de Novela Romántica
 iiicertamen
Vergara, sello editorial perteneciente a Ediciones B (Grupo Zeta), lidera la publicación de literatura romántica moderna desde comienzos de los años ochenta. El Rincón de la Novela Romántica, que este año cumple sus diez años de existencia, es una web especializada en este género literario que cuenta con un gran número de seguidores en España y Latinoamérica.
La segunda edición del Premio, convocada en 2011, culminó en la presentación al público de habla hispana de dos autoras inéditas. La novela ganadora, Cuando el corazón perdona, de la valenciana Ruth M. Lerga, deslumbró a las lectoras y a la crítica por su calidad e imaginación y fue publicada con éxito en febrero de 2012. La primera finalista del Premio, Ana Iturgaiz, también vio publicada su novela Bajo las estrellas. Ambas obras siguen cosechando elogios de los lectores, que gracias al Premio han descubierto a dos escritoras de indudable talento.

BASES DEL PREMIO
1. Podrán optar al III Premio de Novela Romántica las novelas románticas escritas originariamente en lengua española, con una extensión mínima de 250 páginas de tamaño DIN A4, escritas a doble espacio con tipografía Times New Roman de cuerpo 12 (aproximadamente 450.000 caracteres con espacios). Las novelas románticas estarán dirigidas a lectores adultos, y podrán ser históricas o de contexto contemporáneo, o pertenecer a alguno de los siguientes subgéneros: fantasía romántica, romántica paranormal o romántica erótica.
2. Podrán optar a este Premio autores de cualquier nacionalidad y sexo, siempre que sean mayores de edad y que su obra esté escrita en español.
3. Este certamen está abierto tanto a autores noveles como a autores ya publicados.
4. Se admitirá un solo manuscrito por autor.
5. Al optar a dicho Premio, el concursante garantizará que se trata de una obra inédita (es decir, que no haya sido publicada en cualquier formato, incluido el digital en todos sus formatos, como Word, pdf, Epub, etcétera, considerándose publicado el estar o haber estado disponible a través de internet), que su autoría le corresponde en exclusiva, y que no es copia ni modificación de ninguna otra, así como que la misma no concurre simultáneamente a ningún otro premio. Se recomienda el registro previo de la obra en el Registro de la Propiedad Intelectual.
6. El jurado del Premio estará compuesto por profesionales especializados en literatura romántica: Nieves Hidalgo, Lola Gude, Laura Socías, Marisa Tonezzer y Esther Ortiz. El fallo, inapelable, se hará público a través de la página web www.rnovelaromantica.com y la página web de Ediciones B: www.edicionesb.com durante el mes de diciembre de 2012.
7. El Premio no podrá ser repartido entre dos o más novelas y podrá ser declarado desierto.
8. Las obras se enviarán por correo electrónico a la dirección infoelrincon@yahoo.es y deberán contener los datos personales del autor, número de documento de identidad, dirección postal y teléfono de contacto, así como una breve reseña biográfica.
9. Los participantes podrán usar seudónimo, siempre y cuando en la presentación consten los datos reales y no se envíen más de un manuscrito por autor.
10. La cuantía del Premio será de 2.000 euros, suma que será considerada como anticipo por la cesión, en exclusiva, de todos los derechos de edición a Ediciones B, S.A. y conllevará la edición de la obra premiada por parte de dicha editorial, en cualquiera de sus sellos.
11. El ganador se compromete a suscribir con Ediciones B el contrato de cesión que se le presente al efecto. Ediciones B publicará la obra en la fecha que considere conveniente, y a más tardar en el plazo de un año a partir de la fecha de publicación del fallo mencionado en la cláusula 6.
12. El plazo de entrega de originales comenzará el 20 de abril de 2012 y finalizará el 30 de julio de 2012.
13. La presentación al Premio supone la aceptación íntegra e incondicional de estas bases por parte del concursante, así como la imposibilidad de retirada de cualquier obra que haya sido presentada en debida forma antes de que se haga público el fallo.
14. No se mantendrá correspondencia de ninguna clase con los autores que se presenten al Premio. Una vez fallado el Premio, los archivos de los originales no premiados se destruirán.

Abril de 2012